Una catástrofe a la puerta de casa
23/08/2006

ELSA GRANDA  -  Villada
EL PAÍS  -  España - 23-08-2006

Los trabajadores de Pipas Facundo aplauden tras guardar un minuto de silencio por las víctimas del accidente de Villada.

Eran las cuatro menos cinco de la tarde del 21 de agosto, cuando los vecinos de las casas cercanas a la vía y los trabajadores de la empresa de aperitivos Facundo oyeron un estruendo. El tren intercity, compuesto de 6 vagones y de la máquina, que hacía el trayecto Vigo-Hendaya y que transportaba a 280 pasajeros, había descarrilado a su paso por la localidad de Villada.
Unos metros separan el aparcamiento de Pipas Facundo de la vía, justo donde se produjo el accidente; una puerta de malla da paso a los raíles. Por allí desfilaron decenas de personas, improvisados médicos, enfermeros, psicólogos y bomberos por unas horas. Nadie ni nada era lo que parecía: una nave de 1.000 metros se convirtió en un hospital de campaña, las viviendas en casas de socorro improvisadas. Sus testimonios, desgarradores. Mucha gente y mucha organización, eso es lo que hubo en Villada. Su esfuerzo ha sido alabado y se sienten orgullosos, con ese resquicio de pena que da el no haber podido hacer más.
La cercanía de las instalaciones de Pipas Facundo propició que sus más de 100 empleados tuvieran que enfrentarse a la situación antes de que llegaran los servicios de emergencias. Alberto oyó que el suelo temblaba y dijo: "Qué deprisa va ese tren, ¿no?". Después de muchas horas de atender a los heridos, salió con su camión hacia Bilbao, y en el camino, en un bar de Vitoria, se quedó perplejo: "Reconocí a algunas de las personas del accidente. El autobús que puso Renfe para trasladarles a Irún se averió por el camino y allí estaban".
El consejero delegado de Pipas Facundo, Vicente Villagrá, señalaba: "Sacaron los camiones, bajaron taquillas, cogieron extintores, sacaron a la gente, curaron a los heridos... Todos hemos actuado por una demanda del corazón".
Las primeras investigaciones sobre el accidente ferroviario apuntan a que el tren iba a más de 100 kilómetros por hora, en un tramo donde no podía ir a más de 80 kilómetros por hora. Aunque la velocidad genérica en ese tramo está limitada a 130 kilómetros por hora, en un cambio de agujas como por el que pasó el tren antes de descarrilar, la velocidad máxima convencional se sitúa entre los 30 y los 80 kilómetros por hora

 

   
 
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